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5
abril
2022

CULTURA Y PATRIMONIO

El lienzo pintado por 'El Veronés' en 1587 de la iglesia de Gascueña, portada de la exposición ‘Joyas de la Pasión’

Junto con un fragmento de retablo de principios del XVI de Carrascosa del Campo y tres obras más, son de los “mejores exponentes restaurados” por el Centro de Conservación y Restauración de la Diputación

Esta primera muestra de "valiosas piezas" que se conservan en templos, ermitas y conventos "poco conocidos fueras de sus comarcas", estará en el Museo de la Semana Santa de Cuenca hasta el 22 de mayo

Cuadro veronés Gascueña

Redacción

Dos destacadas obras de arte sacro de Gascueña y Carrascosa del Campo se encuentran entre las cinco seleccionadas por la Diputación de Cuenca y la Junta de Cofradías para la exposición temporal ‘Joyas de la Pasión’, que se puede ver en el Museo de la Semana Santa de Cuenca hasta el 22 de mayo. Como explican en el catálogo en formato digital que se puede ver en www.msscuenca.org, el objetivo es “acercar al público diferentes y valiosas piezas que se conservan en templos parroquiales, ermitas y conventos de la diócesis y que son hoy poco conocidas fuera de las comarcas donde se encuentran”. Han sido seleccionadas por “criterios de calidad”, siendo los “mejores exponentes restaurados” por el Centro de Conservación y Restauración de la Diputación y una “interesante muestra de los diferentes formatos y técnicas artísticas”. Dado que existe una relación exhaustiva de obras restauradas que han visto incrementado su valor y atractivo, no descartan plantear la extensión de exposiciones similares durante varios años.

Cuadro veronés Gascueña

La alcaldesa y el anterior párroco de Gascueña junto al cuadro de 'El Veronés'.

Junto a las piezas citadas, también se exponen otras tres anónimas, el Calvario del siglo XVI de la iglesia de Villaverde y Pasaconsol, el busto del Ecce-Homo (segunda mitad del siglo XVII) de la Catedral de Cuenca y la pintura del Ecce-Homo (siglo XVIII) procedente de los fondos de Cultura de la Diputación, todas de “valor incalculable” y con el nexo de unión de la Pasión del Señor. Pese a no pertenecer a esa temática, El Bautismo de Cristo de la iglesia de Nuestra Señora de la Natividad de Gascueña no solo ha sido incluida en la exposición sino escogida como cartel de esta. Firmada en la esquina inferior derecha por Pablo Cagliari ‘El Veronés’ en 1587, este autor fue una de las principales figuras del manierismo y de la escuela veneciana del Renacimiento, pero nacido y formado en la ciudad italiana de Verona, de ahí su apodo.

Cuadro veronés Gascueña

Trabajos de restauración del lienzo de Gascueña incluidos en el catálogo del Museo de la Semana Santa de Cuenca.

Según recoge el catálogo, esta pintura al óleo sobre lienzo de gran tamaño (235 centímetros de alto por 135 de ancho) —de la que existen dos copias en Italia y Nueva York— representa el bautismo de Jesús por San Juan Bautista en un entorno de espesa vegetación a orillas del río Jordán, donde los protagonistas son acompañados por ángeles y sobre sus cabezas se abre el cielo para recibir al Espíritu Santo. ‘El Veronés’ destacó por el uso de colores vivos y brillantes en composiciones dinámicas que daban más protagonismo al paisaje y al color frente al dibujo, algo que cambió la forma de pintar en su época, influyendo en artistas posteriores como Rubens y Velázquez para alcanzar su plenitud en el Impresionismo.

El cuadro se encontraba en “muy mal estado de conservación ya que había perdido su bastidor y marco originales”, siendo este último sustituido por unas molduras reaprovechadas de un retablo y habiendo sido reparado clavando la tela desde la delantera a un tosco bastidor. También se encontraba muy afectado por algunos agujeros y cortes, la falta de tensión, la humedad transmitida del muro y la acidez producida por la acumulación de excrementos en la parte trasera lo que había provocado “grandes pérdidas de pintura”. Hace aproximadamente dos años que comenzaron los trabajos de restauración, empezando por la documentación y análisis de su estado de conservación y el desmontaje de antiguas reparaciones, para después limpiar exhaustivamente la trasera de la tela, aunque dada su fragilidad fue necesario un reentelado para poder ser tensada en un nuevo bastidor. Finalizada la fijación de la policromía y limpieza, las pérdidas se estucaron y policromaron.

El fragmento de retablo de la iglesia de Carrascosa del Campo restaurado en 2018

Retablo Carrascosa del Campo

El fragmento del retablo de la iglesia de Carrascosa del Campo en la exposición.

Por su parte, el fragmento de retablo del Renacimiento plateresco de principios del siglo XVI procedente de la iglesia de la Natividad de Carrascosa del Campo (Campos del Paraíso) finalizó su restauración en 2018, cuando volvió a su ubicación tras pasar por el taller de la Diputación. La información oficial expone que se trata de "una pieza de 169 centímetros de ancho por 60 de alto recuperada casi milagrosamente durante las obras de remodelación de la sacristía", probablemente ubicada en la parte inferior (predela) de un retablo no conservado, donde era habitual representar a los apóstoles como sustento de la fe.

Retablo Carrascosa del Campo

Trabajos de restauración del retablo de Carrascosa incluidos en el catálogo del Museo de la Semana Santa de Cuenca.

Es una pintura al óleo con barnices de plata sobre tabla con tres escenas, una en la que aparece San Andrés portando la cruz aspada en la que fue crucificado —pidió una distinta a la de Jesús— junto al apóstol San Pedro con las llaves del cielo. A la derecha, San Pablo es representado con una espada, instrumento con el que fue decapitado por ser ciudadano romano, y el apóstol Santiago aparece vestido como peregrino, portando el bordón, el sombrero con concha y el manto. La escena central es el llanto sobre Cristo muerto marcado por la verticalidad de la cruz frente a la horizontalidad del cuerpo de Cristo. María Magdalena viste ricos ropajes de cortesana de época, lo que contrasta con la austeridad de la Virgen María, que está acompañada del joven San Juan Evangelista.

La pieza se encontraba en un “lamentable estado de conservación y apenas se podían distinguir las imágenes y colores representados” pero afortunadamente "las pinturas oscurecidas conservaban las capas que las componían casi íntegras". Entre las alteraciones que acentuaban su deterioro presentaba grietas en el soporte de madera, quemaduras y pérdida del material, clavos oxidados, oscurecimiento del barniz, ataque de insectos y cuantioso polvo, hollín y cera de velas. Todo ello requirió que se llevara a cabo el cerramiento de esas grietas, la limpieza de la policromía y el estucado y reintegración cromática de las pérdidas de pintura, entre otras acciones.

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