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30
agosto
2017

BARAJAS DE MELO

La agroecología como herramienta de repoblación sostenible

A través de la educación, la producción y el diseño, el proyecto Rhizobium quiere contribuir a la transformación de los espacios de vida y de la manera de producir y consumir alimentos

Como alternativa real a la agricultura industrial, sus impulsores apuestan por fomentar los lazos comunitarios y entre los productores locales para que los pueblos vuelvan a ser lugares para vivir

Rhizobium Barajas de Melo

El proyecto Rhizobium se ubica en la finca del 'Molino del Tío Emeterio' o 'de los Pobres' de Barajas de Melo.

Mónica Raspal Jorquera, enviada especial a Barajas de Melo

Cualquier sistema es más estable y fértil cuanta más especies en equilibro posea. Para que surja la vida es necesario favorecer la biodiversidad y las interacciones entre los elementos, así como el número de funciones que cumple cada uno respecto a los otros. En este sentido, la agroecología no solo apuesta por la naturaleza como potenciadora de esa variedad biológica, sino como herramienta de repoblación que puede atraer a los pequeños municipios a jóvenes que quieran desarrollar proyectos agrícolas de manera sostenible. Esta es una parte fundamental de la filosofía y objetivos con los que Helena Sánchez y Enrique Llanes establecieron hace un año en Barajas de Melo Rhizobium, una organización que a través de la educación, la producción y el diseño, quiere contribuir a la transformación de los espacios de vida, de la manera de producir y consumir alimentos y de las interacciones con el entorno, planteando alternativas a la agricultura industrial a través de la permacultura. Para ellos, desconectar las iniciativas institucionales —más enfocadas en proporcionar servicios— del concepto básico del campo, conduce a la “muerte” de las pequeños pueblos que son eminentemente rurales y agrícolas. Su idea pasa por volver a situarlos en el mapa, convirtiéndolos en un lugar donde trabajar y vivir, fomentando los lazos comunitarios y entre los productores locales para otorgarles esa importancia que "nunca deberían haber perdido".

Rhizobium Barajas de Melo

Helena Sánchez y Enrique Llanes presentando su proyecto en la 'Jornada de Puertas Abiertas'.

Con una amplia formación en Ciencias Ambientales, Antropología Cultural y Permacultura —ambos son diplomados por el Permaculture Research Institute de Australia—, la casualidad, si es que esta existe, les llevó hasta el emblemático ‘Molino del Tío Emeterio’ o 'de los Pobres', todo un “símbolo” que forma parte de la memoria de muchos barajeños. La finca en la que se encuentra este molino hidráulico harinero construido en 1.521 pasó muchos años abandonada y los promotores de Rhizobium asumieron con su actual dueño el compromiso de restaurar y reconstruir lo que pudieran pero siempre utilizando las técnicas locales y respetando la forma de construir tradicional. Así, han arreglado los techos con escayola, esparto y cañizo, las zonas exteriores con yeso y piedra local e incluso tienen intención de recuperar en un futuro el propio molino para que las nuevas generaciones conozcan cómo funcionaba en lo que sería un aula de la naturaleza.

Rhizobium Barajas de Melo

En la hueta culvitvan variadas verduras y hortalizas. Foto: Miguel Muñoz de la Asociación GClub.

Enfoque multidisciplinar y pluriatividad para sobrevivir a largo plazo

Y es que, como explicaron en la 'Jornada de Puertas Abiertas' del pasado sábado a la que asistió esta redacción —y para la que contaron con el apoyo de la Asociación GClub—, el enfoque multidisciplinar y la pluriactividad es lo que hace que su proyecto sea más estable y resilente en el tiempo, que sobreviva a largo plazo. Como la propia naturaleza, ellos también potencian una elevada diversidad en las especies, productos, materiales, fuentes de ingresos, ideas y recursos dentro de la finca. De hecho, el nombre que han elegido, Rhizobium, alude a un género de bacterias del suelo que fijan nitrógeno atmosférico viviendo en simbiosis con determinadas plantas que a su vez las cobijan. Por ello, además de la producción de verduras y hortalizas, setas (con especies enfocadas a la cocina gourmet que les dan un valor añadido), productos deshidratados, flores, hierbas y conservas —cuya comercialización realizan a través de cestas, suscriptores y pedidos personales o de restaurantes—, también imparten talleres de educación ambiental, jardinería, conocimiento del medio y de especies, transformación alimentaria o cambio climático, ofrecen consultoría para diseño de espacios productivos, realizan instalaciones y acondicionamiento de huertos urbanos educativos, jornadas de puertas abiertas y visitas guiadas y cuentan con un programa de voluntariado gracias al que ya ha acudido hasta Barajas de Melo gente de países como EE.UU. (California), China, Francia e Inglaterra. Es el mejor ejemplo de cómo la fertilidad brota, surge la vida y se reproduce, algo que también se llama productividad.

Rhizobium Barajas de Melo

Setas de distintas especies en exterior e interior. Foto: Rhizobium.

Sánchez señaló como otro de sus conceptos clave que no consideran la naturaleza como algo contra lo que tienen que luchar, sino con la que mantener un diálogo para entender la información que transmiten, por ejemplo, las malas hierbas, que pueden traer otros beneficios antes de arrancarlas. En este sentido, explicó que la permacultura es un sistema de diseño productivo que tiene en cuenta la observación del medio (agua, luz, clima, especies, vientos, pendientes, orientación, etc), recuperando a la vez saberes y conocimientos de los agricultores tradicionales —aunque después empleen diferentes soluciones— y aplicando las últimas técnicas científicas. Según aclaró, un proyecto agroecológico como Rhizobium se diferencia de uno ecológico en que "da un salto más amplio” pues también se fundamenta en la relación directa con el consumidor, eliminando intermediarios económicamente y a la vez estrechando lazos, de forma que este tenga un conocimiento “más profundo” del proceso productivo y reconecte con la naturaleza.

Rhizobium Barajas de Melo

La venta de su productos no va más allá de los 100km desde Barajas de Melo. Foto: Rhizobium.

Respeto al suelo desde el punto de vista científico

En la misma línea, otros de sus principios son el reciclado y la reutilización de todos los materiales —incluso revalorizan los desperdicios—, junto con una baja mecanización y el respeto al suelo desde el punto de vista científico. No solo no utilizan herbicidas, pesticidas o abonos químicos, sino que no tienen previsto arar anualmente más allá de los dos primeros centímetros. En su opinión, hay que dejar de considerar la tierra como algo inerte pues cuanto más viva esté más capacidad de interacción habrá entre los microorganismos, los nutrientes y las plantas, lo que a su vez la fortalece. De hecho, su intención es demostrar de forma práctica y empírica la evolución de la composición del suelo en microbiología y fertilidad con datos científicos “racionalmente irrefutables, no filosóficos” según los análisis realizados por un laboratorio. Están convencidos de que en un plazo de unos cinco años su productividad será mayor que la del agricultor tradicional, cuyos frutos además tendrán menos nutrientes por la cantidad de encimas y azúcares que tienen que utilizar las raíces para intercambiarlos con el suelo.

Rhizobium Barajas de Melo

También imparten talleres educativos para niños. Foto: Miguel Muñoz de la Asociación GClub.

Abogan también por pequeñas explotaciones y por una comercialización siempre local, no llevando sus productos más allá de los 100km desde Barajas de Melo porque son frescos y para evitar el consumo de combustible y que produzcan más de lo que cuestan, “revertiendo el balance actual”. Como expuso Llanes, en la actual situación de crisis medioambiental —con sequías, olas de calor, desertización y falta de ayudas europeas a las pequeñas producciones —, la agricultura convencional no responde a las necesidades y no es sostenible pues para producir una caloría de comida se emplean siete unidades de combustible fósil (transporte, refriguerio, etc) que además emite CO2. Por otra parte, el 80% de la producción orgánica y sana de España, la que tiene valor añadido, se exporta a los países del norte mientras que se importan productos holandeses —la media de recorrido del tomate que nos comemos son 1.500 kilómetros—. Además, recordó que la ONU lleva una década realizando estudios sobre los efectos de los pesticidas que usa la industria y concluyendo que estos son directamente causantes de cáncer y que provocan la muerte de 200.000 personas al año. “Los usamos como algo natural e integrado pero no entendemos que se inventaron durante la Guerra del Vietnam para bombardear al Vietcom. Vienen de la industria de guerra por lo que no pueden ser demasiado sanos”, apuntó.

Helena y Enrique explicando su proyecto el año pasado en el programa 'La Aventura del Saber' de La2.

También explicó cómo con la introducción de estos fitoquímicos en los años 60 con la revolución verde, los agricultores tradicionales pasaron de tener su pequeña explotación y policultivo para alimentarse y vender su excedente —algo que se sigue haciendo en muchos pueblos— a convertirse en grandes empresarios de 10 hectáreas con mucha maquinaria cara que les generó deudas y les empobreció. En la actualidad, sufren tal presión que todos los intermediarios se beneficians cuatro o cinco veces más que ellos, sin dejarles tiempo para cuidar la tierra, motivo por el que utilizan todos los productos que les quitan trabajo. Sin embargo, en Rhizobium entienden al agricultor como una persona que no solo produce comida sino que protege el suelo y el medio ambiente, manteniendo una relación directa con un cliente que también está más concienciado pues sabe que su forma de consumir puede ser un voto y que tiene como consecuencia que se fomenten más unas opciones u otras.

Y todo esto, aclaran, no es hippismo como muchos piensan, sino ciencia, tradición y cultura.

Más información en www.rhizobium.org y en su página de Facebook.

Un molino que ha vuelto a cobrar vida para convertirse en referente

Rhizobium Barajas de Melo

Parte de la maquinaria del antiguo molino.

Al ‘Molino de los Pobres’, según la denominación del político, geógrafo, periodista y escritor barajeño Fermín Caballero en 1.860, también se le conoce en la actualidad como el ‘Molino del Puente Vadillo’, ‘de los Carrillos’ y ‘del Tío Emeterio’ por ser este uno de sus últimos moradores. Según el estudio realizado por Carmen Laguna y Luis Bocos al que ha tenido acceso este portal, el edificio principal se ubica en una finca de más de 6.000 metros cuadrados y por su puerta pasa el Camino de Santiago de Uclés. Construido con forma de T, consta con dos plantas en las que se encuentran el molino propiamente dicho y la vivienda del molinero, además de unas pequeñas edificaciones que fueron cuadras, palomar y colmenar. En 1.927 se amplió con una nueva sala de almacenamiento y distribución de harina, conservando en la actualidad en perfecto estado la maquinaria de moler y albergando una colección de antiguos utensilios caseros, como comprobamos los asistentes a la visita.

Rhizobium Barajas de Melo

Durante la Edad Media la utilización de los molinos hidráulicos fue en aumento y en España hubo al menos uno en cada pueblo en los que una corriente de agua lo hacía factible. Aunque la primera referencia de este en Barajas de Melo es de 1.526, probablemente existió antes pues fuera del recinto, muy cerca del río y enterrados se han encontrado restos de una construcción previa. Con el tiempo, al convertirse en obsoleta y poco productiva esta actividad y suponer un costoso mantenimiento, dejó de moler hasta la muerte de su propietario en 1.964 y después se utilizó de forma esporádica, deteriorándose poco a poco hasta que lo compraron sus dueños actuales, que lo restauraron con materiales antiguos del propio pueblo (como vigas de la Iglesia o tejas del antiguo cuartel de la Guardia Civil), introduciendo una colección de mobiliario comprado en anticuarios. Pero también estos se hicieron mayores y dejaron de frecuentarlo hasta que el azar puso en su camino a Helena y Enrique con su proyecto Rhizobium que se adaptaba a los principios básicos que habían mantenido para la recuperación del edificio y de la huerta. Así, el ‘Molino de los Pobres’ ha vuelto a cobrar vida convirtiéndose además en un centro modelo de producción agroecológica y de fijación y recuperación de poblaciones y entornos rurales.

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